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La doble cara del Georgia Aquarium: en juego la vida de 18 belugas

5 de agosto 2016

El pasado 22 Junio el Georgia Aquarium anunció que de ahora en adelante no van a adquirir más cetáceos salvajes para espectáculos. A la vez, lanzó el proyecto llamado ‘Beluga Import Project’.

En la nota de prensa se decía que tras 12 años de intentos fracasados de llevar las 18 belugas de Rusia a Estados Unidos para crear una población sostenible de belugas en cautividad, se decidia no capturar mas belugas del estado salvaje salvo en casos de rescate.

Lamentablemente ésto llegó tarde para 18 belugas a las que ya se habían encargado de capturar hace una década de la región del río Sakhalin Bay-amur, en el mar de Okhotsk (Rusia).

 (Imagen Viktor Lyagushkin/Getty Images )

Se trata claramente de una artimaña para exculpar sus responsabilidades y lavar su imagen llena de imprecisiones y cuyos argumentos caen por su propio peso. Por ejemplo, en el Beluga Import Project se hacen afirmaciones aberrantes como que “sin belugas en cautividad, las generaciones futuras no podrán conectar con ellas y por tanto es crítico para inspirar la conservación de esta especie en su hábitat” o que “mantener una población en cautividad es esencial para la conservación en su hábitat”.

Esto es demostrablemente falso: existen especies que por dimensiones o requerimientos son inviables en cautividad, y cuyo estatus de conservación se mantiene o mejora, como en el caso de la ballena boreal.

La captura de las 18 belugas de su estado salvaje es claramente un atentado contra su bienestar y la conservación de su especie. El Georgia Aquarium ordenó la captura de las belugas en Rusia antes de obtener el permiso de la MMPA (Marine Mammal Protection Act) para importarlas. 

El permiso fue denegado, lo que implicó alargar la situación temporal de estos animales (en condiciones más que cuestionables) y acarreó la muerte de 4 de estos individuos. Sin embargo, en sus declaraciones, el Georgia Aquarium hace referencia a estas muertes catalogándolas como “pérdidas desafortunadas”, eximiendo su responsabilidad y culpando a otros (NOAA Fisheries y organizaciones benéficas) por la denegación del permiso.

En relación a estas muertes cabe destacar que ni siquiera se hizo necropsia para determinar la causa del fallecimiento y que la empresa no identifica las muertes (en edad y sexo). En su declaración se sobreentiende que la Utrish Marine Station, donde se encuentran las supervivientes, es un lugar adecuado (incluyendo cuidado veterinario adecuado) para albergar 18 belugas.

Éstos son solo algunos ejemplos de la falta de profesionalidad y ética de Georgia Aquarium. Otra crítica podría ser el hecho de que en todo este proceso los responsables no tuvieran un plan alternativo en caso de no obtener el permiso, algo condenable cuando se trata de la vida de 18 belugas. Esto se hizo patente cuando Ocean Park de Hong Kong se retiró del proyecto antes de la denegación del permiso pero después de que hubiesen sido capturadas las belugas.

Más allá del proceso del deplorable proceso de captura, traslado y mantenimiento de los animales, el proyecto es contrario al espíritu conservacionista. En sus afirmaciones no menciona por qué la población de belugas en cautividad disminuye (no sobreviven todas ni se reproducen bien en cautividad) y por tanto hay que capturarlas de su estado salvaje para mantener la población de los tanques. Además de que obviamente, el dinero gastado en esta extracción se podía invertir en proyectos de conservación in situ.

 (Portada del Documental Born to be Free)

Todo este lavado de imagen parece ser únicamente una respuesta al estreno de la película Born to Be Free, documental que se centra en el tráfico global de mamíferos marinos mediante una investigación profunda en Rusia. 

Crónica extraida de Animal Welfare Institute.

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