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Orcas en cautividad: 7 razones por las que deberían estar en libertad.

25 de octubre 2013

Cada año, millones de personas pagan un buen dinero por visitar SeaWorld u otros parques temáticos de orcas en cautividad. Sin embargo, estas personas presencian solo la parte deslumbrante y feliz de Shamu (el espectáculo de orcas de SeaWorld): las volteretas hacia atrás, los besos enternecedores y los finales salpicando y empapando de agua son parte emblemática de todo espectáculo de orcas que se precie. A estas hordas de crédulos turistas, en su mayoría, se les puede perdonar el abandonar el parque tranquilos y seguros de que esas orcas en cautividad disfrutan durante los espectáculos, se les colma de cuidados de primera clase y tienen una calidad de vida muy superior a la que existe en el «oscuro y escalofriante océano» (término real utilizado por los ejecutivos de SeaWorld para defender el cautiverio de las orcas).

En contraposición, y para que ustedes mismos reflexionen, aquí van siete razones por las que el cautiverio de orcas resulta una manera inhumana y anticuada de entretenimiento. El autor David Kirby nos cuenta la historia a partir de los testimonios de los empleados de SeaWorld.

 

 

1) Mortalidad acelerada

Kandu muere desangrada después de que en un altercado con otra hembra esta le seccione una arteria principal en SeaWorld de San Diego, el 21 de agosto de 1989.

Las orcas en cautividad tienen una mortalidad mucho más elevada que sus parientes del océano. En 1995, los científicos del gobierno, Robert Small y Douglas DeMaster, analizaron los datos anuales de supervivencia de orcas adultas, tanto en cautividad como salvajes, entre 1988 y 1992, y lo que hallaron fue sumamente inquietante. «La supervivencia de la población salvaje… basada en aproximadamente 250 adultos fue significativamente superior a nuestras estimaciones para orcas adultas en cautividad», relatan los investigadores. Las pruebas no podían ser más claras. La tasa de mortalidad anual entre las orcas adultas en cautividad era más de 2,5 veces superior (6,2 % frente a 2,4 %) a la tasa entre las ballenas adultas del océano.

 

 

2) El botiquín secreto de Shamu

Cada día en SeaWorld los adiestradores suministraban medicamentos que requieren receta a muchos miembros de la colección de orcas. La alimentación a base de pescado muerto y descongelado priva a las ballenas y a los delfines de nutrientes y agua fresca, que tienen que ser repuestos de manera artificial. Una de las principales tareas antes del desayuno consistía en rellenar las branquias del pescado con vitaminas, antiácidos y, a veces, otras pastillas que los aprendices de adiestrador suponían eran antibióticos, porque venían en cápsulas y solo se daban a los animales cuando estos estaban enfermos o lentos. En otras ocasiones, cuando una ballena estaba enferma y deshidratada, se les daban jeringuillas y se les ordenaba que administrasen con estas, arenque y eperlano con agua fresca del grifo, a los cetáceos. Las ballenas, al igual que todos los mamíferos, no pueden beber agua salada, por lo que sus presas constituyen su única fuente de agua fresca. SeaWorld también ordenaba a sus adiestradores mentir, esencialmente sobre por qué a algunas ballenas se les daban grandes cubos de gelatina. Solo Tilikum, el macho de casi 5 500 kg, consumía 37,65 kg de esa cosa  cada día. «Cuando hablen de la gelatina, por favor, no mencionen que se les da a las ballenas para hidratarlas», explicaba el manual para empleados, «refiéranse a ella como otro tipo de refuerzo o complemento — ¡un premio insípido, incoloro y sin azúcar! ¡Parece que disfrutan la textura!» A continuación, casi increíblemente, añadía: «Por favor, asegúrense de que su información es precisa».

 

 

3) Muerte por un mosquito

A veces, las orcas en cautividad mueren por causas extrañas y exóticas que nunca las mataría en libertad, como, por ejemplo, enfermedades tropicales propagadas por picaduras de mosquito. En una noche húmeda y cálida de Orlando, adiestradores como John Jett observaron consternados cómo densas nubes de mosquitos se posaban en el dorso de Kanduke, un gran macho que permanecía horas flotando lánguidamente en la superficie. Años más tarde, unos activistas encontraron un artículo en una revista científica que revelaba la verdadera causa de la muerte. Kanduke había muerto repentina e inesperadamente tras deteriorarse rápidamente. Los veterinarios del SeaWorld estaban desconcertados por su rápido deterioro y enviaron muestras de tejido a la Universidad de Yale para analizarlo. Un estudio resultante encontró en Kanduke el virus de la encefalitis de San Luis, un patógeno aviar transmitido por los mosquitos. Ningún mamífero marino había presentado antes encefalitis de San Luis. El artículo sugería un nexo causal directo entre el confinamiento de la orca y la muerte prematura. Unas semanas después, otro estudio describía la muerte repentina de Taku, un macho de 14 años, en San Antonio en 2007 a causa del virus del Nilo Occidental. Tan alarmante como esto resulta el hecho de que las seis orcas restantes de San Antonio dieron positivo en el test de detección del virus, el cual puede transmitirse a las personas a través de los mosquitos.

 

 

4) Vidas huecas, dientes huecos

Muchas orcas en cautividad desarrollan graves problemas dentales, la mayoría dientes rotos y picados, pero también pérdidas espontáneas o por extracción de los mismos. Sin embargo, lo más inquietante es cuando es necesario perforar los dientes para extraer la pulpa dejando solo un cilindro cónico. 

Según los adiestradores de orcas, Jeff Ventre y John Jett, el estrés y el aburrimiento eran parte del problema. Las verjas metálicas que separaban las piscinas del parque estaban formadas por barrotes horizontales. Estas verjas constituían la primera línea de defensa para cuando a las ballenas se les cruzaba un cable, se volvían agresivas y necesitaban una separación física. Una vez separadas, era habitual que las ballenas mordiesen los barrotes; una manifestación de agresividad llamada chasquido mandibular. Estos destrozos dejaban la pulpa dentaria expuesta. Sin tratamiento, la pulpa en descomposición puede formar una gran cavidad que se llene de comida, la cual puede causar una infección e inflamación, y posiblemente afectar al sistema inmunológico y cardiovascular del animal. En ocasiones, John asistía en la perforación del diente de la ballena. Se entrenaba a muchas orcas para someterse al espantoso procedimiento como a cualquier otra conducta, con mucho refuerzo positivo. Primero, debían apoyar la barbilla en la plataforma, después, los adiestradores les enseñaban el taladro (como cualquier taladro doméstico) y les premiaban frotándoles las aletas o dándoles pescado. Tras esto, tocaban el diente con la broca del taladro, sin conectarlo, premiando de nuevo al animal. A continuación, tocaban el diente con la broca conectado a velocidad baja, para que lo sintieran y lo oyeran, seguido de más refuerzo positivo. Finalmente, comenzaban a perforar hasta que brotaba sangre del agujero. SeaWorld lo llamaba «asistencia odontológica de primera calidad». 

 

 

5) La tragedia de Gudrun

La trágica muerte de la orca islandesa preñada, Gudrun, es una de las historias más tristes sobre orcas en cautividad. Los adiestradores de SeaWorld, John Jett y Jeff Ventre analizaron y comentaron la preñez de Gudrun cuando comenzó a comer menos en las últimas semanas de gestación, preocupados también por la salud del feto. SeaWorld había encontrado una manera de usar a Gudrun para generar una nueva fuente de ingresos. Debido a que era una de las pocas orcas adultas cuya aleta dorsal no se había doblado ni caído, era perfecta para posar con los turistas en fotografías. La ballena preñada permanecía seca en la plataforma deslizante, aguantando en una misma pose durante muchos minutos cada vez. El peso de su cría nonata debía ser inmenso. Cuando se puso de parto, el equipo veterinario no pudo encontrar el pulso de la cría nonata; lo que sugería que estaba muerta. Como Gudrun no expulsaba a la cría, tuvieron que extraerla de manera manual. El dolor debió de ser tremendo y Gudrun sufrió una grave hemorragia. Permaneció inmóvil en un lugar, desprotegida del sol, por lo que el personal le frotaba con cariño el lomo con óxido de cinc. El cuarto día, Gudrun nadó despacio hacia la verja desde donde su cría discapacitada, Nyar, observaba. Habían tenido que separar a Nyar de Gudrun poco después del parto, ya que la madre comenzó a atacar a su deforme hija. Ahora, Gudrun golpeaba suavemente el rostro de Nyar a través de los barrotes, como pidiendo una reconciliación atrasada. Gudrun murió unas pocas horas después.  

 

 

6) La triste y espeluznante historia de Kotar

Cuando la alejaron de las aguas de Islandia en octubre de 1978, Kotar se convirtió en una de las orcas más jóvenes y pequeñas en cautividad, con tan solo un año de edad. Pasó siete años en SeaWorld de San Diego antes de ser trasladado a Orlando, donde trabajó otros siete años. Pero en 1987, SeaWorld Florida adquirió a Kanduke, un macho grande y temperamental del Pacífico. La ballena carnívora del Pacífico y la ballena islandesa piscívora no se llevaban bien. Un día tuvieron un fuerte altercado, varándose a ellas mismas repetidamente en la plataforma deslizante y emitiendo gritos y sonidos. En el clímax de la batalla, Kotar mordió el pene de Kanduke, hiriéndolo gravemente, dejando una cicatriz de unos diez centímetros. Kotar fue trasladado a San Antonio, donde se obsesionó con mordisquear y tirar de los barrotes metálicos de la verja de su tanque. El 1 de abril de 1995, una de las verjas con las que jugaba Kotar cayó sobre su cabeza aplastándole el cráneo. Murió desangrado en poco tiempo. 

 

 

7) Esto no ocurre en libertad

Cuando la captura de orcas salvajes dejó de ser una opción viable para SeaWorld, la empresa desarrolló un programa de cría de orcas en cautividad basado en la inseminación artificial para mantener a flote su rentable espectáculo. El descontento de John Jett con SeaWorld aumentó cuando su jefe le llamó a su oficina para informarle sobre una nueva tarea. Como jefe del equipo de Tilikum, John debía enseñar a Tilly a mostrar el pene ante los adiestradores. Una vez que Tilly hubo aprendido, John y su equipo debían masturbarle, recoger el esperma y congelarlo para su uso en el nuevo programa de inseminación artificial (IA) de SeaWorld. Aquello escandalizó y asqueó a John. «Lo siento», dijo, «no voy a hacer pasar por eso a Tilikum. Búsquese a otro». Aquella insubordinación le costó a John el Shamu (el espectáculo de orcas) ya que fue trasladado al recinto de leones marinos y nutrias. 

 

 

Traducción de Andrea Cervera Alepuz

 

Fuente: http://www.takepart.com/photos/7-reasons-orcas-and-captivity-dont-mix/killer-whales-in-captivity

Tags: Orcas
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