La Información

Los espectáculos comerciales de los delfinarios pueden parecer divertidos pero la realidad es muy grave. Existe evidencia científica que demuestra que los cetáceos sufren considerablemente en cautividad donde no pueden satisfacer sus necesidades de comportamiento y fisiológicas. Vivir en pequeñas piscinas, sin enriquecimiento ambiental y en reducidos grupos de extraños les puede provocar estrés, un aumento de su agresividad, numerosos problemas de salud y reducir sus expectativas de vida. Las complejas necesidades de los cetáceos les hacen inadaptables al cautiverio.

Las imágenes de películas y series en que los delfines salvajes simpatizan y ayudan a las personas han creado una imagen distorsionada de ellos. Lamentablemente para los delfines, sus caras muestran un rictus que los humanos pueden asociar a una sonrisa, dando la impresión así de estar bien, pero muchos están deprimidos y estresados, e incluso se pueden tornar agresivos. De hecho, los delfines casi no tienen expresiones faciales, se comunican con algunos gestos pero principalmente via otros métodos.

Situación mundial

Se estima que actualmente hay en 60 países del mundo unos 2.000 cetáceos mantenidos en cautiverio; principalmente Delphinidae (delfines – como los nariz de botella- y orcas) aunque también Phocoenidae (marsopas) y Monodontidae (como las belugas). Aunque la mayoría viven en delfinarios y parques acuáticos, también hay delfines en centros comerciales, discotecas, hoteles e incluso algunos ejércitos los utilizan.

Los países con mayor número de delfinarios son Japón, China, EEUU, México, Rusia, Ucrania y España en el séptimo lugar.

España es el país de la UE con el mayor número de delfinarios y de cetáceos en cautividad. Los 11 delfinarios del país se encuentran situados en Canarias (3), Cataluña (3), la Comunidad Valenciana (2), Madrid (1), Andalucía (1) y Baleares (1). Aunque debido a la alta mortalidad la cifra es fluctuante, en España hay aproximadamente 98 delfines, 2 belugas y 6 orcas mantenidas en cautividad. Se pretende abrir un 12º delfinario en Lanzarote, lo que añadiría 5 delfines más a la lista.

El primer delfinario comercial se estableció en 1937 en St. Augustine (Florida, EEUU) y a pesar de que la ciencia haya demostrado que estos animales sufren en los delfinarios y del creciente rechazo de gran parte de la sociedad hacia estos negocios, en partes del mundo como China, Japón, Rusia y México, esta industria está en auge.

Origen de los Animales

Capturas

Debido a la alta mortalidad de los cetáceos en estas condiciones, la población cautiva es insostenible para mantener la creciente industria de los delfinarios y, para suministrar a sus centros, se continúan llevando a cabo capturas de cetáceos salvajes. A menudo para alegar que sus animales no han sido capturados de la naturaleza, los parques recurren a lugares "de paso" para declarar que provienen de otro parque.

Actualmente se capturan cetáceos para el comercio internacional en Cuba (en el caso de los delfines nariz de botella), Japón (varias especies del delfines) y Rusia (ballenas beluga y orcas). También puede haber capturas en países de África y del Pacífico Sur- como China e Indonesia- para su uso nacional. Aunque históricamente también se han capturado de México, Republica Dominicana, Islandia, el Mar Negro, las Islas Salomón y EEUU entre otros. Todos estos últimos ya han prohibido este tipo de capturas.

34 de los delfines mantenidos en delfinarios españoles fueron capturados de su estado salvaje, especialmente de Cuba y Florida (EEUU).

Sólo en 2012, se exportaron 24 delfines de Japón (originarios de las capturas de Taiji) a la China y entre 2008 y 2010 se exportaron 60 belugas capturadas de su estado salvaje de Rusia a China.

Los métodos de captura son invasivos, estresantes y potencialmente letales. Se persigue y acosa a las manadas con lanchas y se pueden usar incluso bombas para asustar a los animales y dirigirlos hasta un punto concreto. Durante la captura, algunos animales pueden morir de fallos cardíacos provocados por el estrés o el shock o ahogados al quedar atrapados en cuerdas y redes mientras tratan agitadamente de escapar o de acudir en auxilio de otros. Más tarde, algunas hembras preñadas pueden abortar sus fetos o las madres pueden dejar de lactar muriendo así sus crías. Otros mueren a consecuencia de traumatismos e infecciones provocadas durante la captura.

El estrés que supone capturarlos, separarlos de sus grupos y colocarlos en pequeños tanques les deprime y debilita, llevando a la muerte a algunos ejemplares durante los primeros días de su captura.

Las capturas se llevan a cabo brutalmente y sin estudios adecuados que determinen si las poblaciones pueden soportar estas presiones. Al ser los cetáceos animales altamente sociales, la captura de un solo individuo puede afectar profundamente las estructuras de la manada y la población entera. Las capturas también pueden dispersar a los grupos que pierden así cohesión social poniendo en riesgo su supervivencia debido a que ya no pueden cooperar para pescar o defenderse de depredadores.

Cría en Cautividad

Los programas de reproducción de estos centros suelen basarse en inseminación artificial, pues tienen un esquema genético planificado para intentar introducir variabilidad en sus poblaciones. Para llevarlo a cabo, hay que extraer manualmente el semen de los machos seleccionados, entrenados para mostrar el pene y poder estimularlo hasta la eyaculación. Incluso puede recolectarse de individuos muertos en un proceso denominado “rescate de gametos”. El semen se congela y se conserva para cuando quieran utilizarlo e, incluso en ocasiones, se envía o intercambia con el de otros centros.

Para tener un control del ciclo de las hembras, necesitan utilizar métodos hormonales como los progestágenos orales, y monitorizar la llegada del momento óptimo para la inseminación. El procedimiento se realiza con un endoscopio y se introduce el semen directamente en el útero. Si las hembras no colaboran en el proceso dentro del agua, se las saca durante 20-30 minutos y se procede a la inseminación sin- o apenas sin- sedación. Además, con el objetivo de evitar agresiones entre sus animales, se realiza selección genética en favor de crías hembra. (En la naturaleza tendrían 50% de hembras y 50% de machos pero con estas técnicas pueden decidir el sexo y la preferencia de estos centros es para las hembras).

Las orcas de ambos sexos alcanzan la madurez sexual hacia los 12-14 años. En la naturaleza, las hembras empezarían a dar a luz en este momento, espaciando los partos a aproximadamente cada 5 años. Pero para mantener el negocio, los delfinarios fuerzan a los animales a criar demasiado pronto y demasiado a menudo. Kohana, una orca de Loro Parque, por ejemplo, parió a Adán con 8 años y a Vicky con 10. Kohana rechazó a ambas crías, que tuvieron que ser criadas por sus cuidadores. La cría prematura puede conllevar problemas físicos que reducen la expectativa de vida. Vicky murió con 10 meses de edad.

Es frecuente que las madres jóvenes rechacen a las crías ya que sin una figura matriarcal ni otros miembros de su manada, no aprenden cómo cuidar de ellas. También se dan en estos centros muchos casos de abortos espontáneos.

La endogamia -que no se daría en la naturaleza- también es habitual en los delfinarios. Al fin y al cabo, la cantidad de individuos a utilizar es limitada así que hay varios casos de animales que han criado con otros miembros familiares con los que comparten genética. La endogamia reduce la variedad genética, anulando cualquier valor de los supuestos programas de conservación, que deberían abogar por mantener variabilidad en la naturaleza. Además, se perpetúan defectos genéticos que conllevan graves enfermedades para los animales.

En muchas ocasiones las hembras preñadas son forzadas a actuar hasta el final de su estado de gestación. Hay casos en que los animales han dado a luz mientras realizaban los espectáculos como es el caso de la orca Kandu que parió a Orkid en pleno show. Esto debió ser estresante y peligroso tanto para la madre como para la cría.

Una de las soluciones que practican los delfinarios, para poder obtener nuevos individuos evitando las capturas y reduciendo la depresión endogámica, es el traslado de individuos. Según el interés del momento, si un centro necesita un macho donante de esperma, una posibilidad es que otro centro le ceda temporal o definitivamente a uno de sus animales; o que se intercambien. Además de que el simple acto pone en evidencia que cada cetáceo en cautividad se considera un mero producto; los traslados de estos seres tan sociables suponen verdaderas tragedias para ellos. Si se han acostumbrado ya a convivir con los mismos individuos, el traslado de uno de ellos supone la desestructuración de todo el grupo y, en algunos casos, da lugar a fuertes depresiones y cambios de comportamiento tanto en los animales que se quedan como en los que se van. Para mayor inconveniencia de los que se van a un nuevo lugar, tienen que ser trasladados, en ocasiones, a grandes distancias en pequeños e incómodos tanques.

La vida en cautividad

Las condiciones de vida totalmente antinaturales de estos animales en cautividad, pueden afectar gravemente a su bienestar tanto físico como psicológico.

Instalaciones

La artificialidad de estos centros empieza por las piscinas de reducidas dimensiones, poco profundas y de agua tratada químicamente. El agua de estos tanques suele consistir en agua dulce con sal y aditivos químicos, cómo el cloro. Aun así en ciertos centros es frecuente la presencia de microbios, algas y otras partículas que pueden afectar a los animales. Muchos adiestradores sufren de la exposición a altos niveles de cloro y los delfines, que viven en contacto constante con esta sustancia, suelen mostrar muchos problemas en la piel y en los ojos debidos tanto a la presencia de este químico como a los desequilibrios en el pH del agua.

La música a todo volumen y otros ruidos cómo los repetitivos de las bombas de agua y los filtros, pueden causar un estrés considerable a los cetáceos que dependen en gran parte de sus sentidos auditivos para reconocer el mundo que les rodea, no en su visión. En algunos delfinarios, los animales no tienen acceso al aire libre y por tanto viven sin acceso a la luz natural y posiblemente sin ventilación suficiente.

En cautividad raramente usan su sónar natural –un sentido altamente sofisticado que les permite reconocer su entorno, pescar y comunicarse. Al no tener nada que descubrir en las piscinas vacías, raramente emiten sonidos bajo el agua (sólo realizan los nasales inducidos por el hombre para el espectáculo) y se apoyan más en estímulos visuales. En algunos tanques, el sónar puede rebotar en las frías paredes y los ruidos, como aquellos provenientes de las bombas de circulación, pueden afectar los umbrales de percepción auditiva de los animales. Esto explica por qué algunos cetáceos han chocado contra las paredes de los tanques resultando heridos e incluso muertos.

Otro aspecto importante en muchas de las instalaciones es la falta de sombra. Ésta puede afectar la sensible piel y los ojos de estos animales, incluso provocándoles cataratas. Aunque en la naturaleza no disponen de sombra, pasan la mayor parte de su tiempo sumergidos a profundidades en que los rayos ultravioletas tienen pocos efectos sobre ellos. En cautividad, sin embargo, los tanques no son lo suficientemente profundos como para protegerlos de ellos. En muchos centros se puede observar a los animales con quemaduras provocados por los rayos del sol o protegidos de ellos con cremas.

En la naturaleza, los cetáceos son animales activos; nadan entre 95 y 160 km al día y a velocidades de hasta 40 km/h los delfines y 55 km/h las orcas, sumergiéndose a varios metros de profundidad - hasta 90 m- y pasando sólo un 10-15% de su tiempo en la superficie. Nadan incluso cuando “duermen”, siempre alerta y en movimiento lento. En cautividad es imposible recorrer estas distancias, se estima que una orca debería dar 1.400 vueltas diarias a su tanque para nadar lo que recorrería cada día en libertad. Incluso en algunas instalaciones las orcas no caben flotando verticalmente en sus tanques de lo poco profundos que son.

Vida Social

En la naturaleza estos animales viven en grupos de decenas e incluso centenares de individuos - se conocen grupos de hasta 1.000- con lazos sociales muy cohesionados y duraderos, especialmente entre las madres y sus crías, y algunos que duran toda la vida. Cooperan entre sí para pescar e incluso se ayudan cuando uno lo necesita. En cautiverio, se juntan delfines de distintos orígenes -extraños entre sí- creando grupos sociales totalmente artificiales que no les permiten establecer una jerarquía natural. Algunos animales son capturados de la naturaleza, otros nacidos en cautividad y de orígenes totalmente diferentes, pueden provenir de Japón o del Caribe por ejemplo. Esto puede llevar a problemas de socialización, al desarrollo de guerras de dominio, y a comportamientos agresivos entre ellos debido al estrés. Para mantenerlos calmados a veces se les suministran hormonas.

Falta de enriquecimiento

En los tanques, los cetáceos no tienen nada nuevo que descubrir y viven sin acceso a nada de lo que tendrían en la naturaleza. No suele proporcionarse a los animales con enriquecimiento ambiental –como estructuras, juguetes, texturas, peces vivos o vegetación- que les invite a desarrollar sus comportamientos naturales ni a distraerles.

Normalmente estos animales dejan de usar su sistema de ecolocalización porque no tienen nada nuevo que descubrir. En algunos tanques también hay ruidos que les molestan (música, bombas de agua, etc) y según el diseño del tanque, las ondas pueden rebotar de las paredes.

Al estar privados de variedad en un entorno completamente vacío, la falta de de cosas para hacer les aburre y no tienen suficientes estímulos ni hacen suficiente ejercicio. El estrés tanto social como físico les hace más propensos a sufrir enfermedades y deben ser suministrados con medicamentos de manera rutinaria. (Ver ‘Salud y Mortalidad’)

Salud y Mortalidad

Salud

Debido a estrés crónico, la depresión psicológica y otros factores, los cetáceos en cautividad se encuentran inmunosuprimidos - más propensos a sufrir enfermedades y menos capaces de luchar contra las infecciones. Por esta razón y por los diversos problemas de salud que pueden sufrir, son medicados rutinariamente. La primera tanda de alimentación del día suele ser pescado con vitaminas añadidas, medicaciones profilácticas contra los hongos, reductores de ácido gástrico y bloqueadores de histamina, entre otros, así como antidepresivos.

El estrés crónico también es la causa de muchas de sus dolencias: úlceras, vómitos y aumento de las glándulas adrenales (que producen hormonas imprescindibles para la vida, como el cortisol- relacionada con el estrés entre otras).

Delfines y orcas son animales depredadores que se alimentan de distintas especies de peces según la población. Sin embargo en cautividad se les alimenta de peces muertos y de un número limitado de especies que suelen ser arenques y caballa. El pescado congelado pierde nutrientes y agua, así que a menudo los cetáceos en cautividad se encuentran deshidratados y necesitan suplementos de vitaminas. A veces se les suministran bloques de gelatina para hidratarles o se les hidrata a la fuerza forzando un tubo directamente a su estómago. Este proceso es desagradable y doloroso para los animales, que tienen que sufrirlo varias veces por semana.

Las endoscopias se llevan a cabo a veces en estos animales especialmente por la ingesta de objetos extraños -como la pintura de las paredes u objetos que caen al agua. Se trata de un procedimiento muy incómodo, especialmente porque raramente se seda a los animales para ello.

La salud dental de los cetáceos en cautividad es especialmente delicada. En el caso de las orcas, se rompen o desgastan dientes al morder los barrotes o las paredes de aburrimiento. Estos dientes afectados son una vía de entrada para gérmenes y pueden provocar infecciones graves, incluso mortales. En el caso de los delfines, un comportamiento anormal que suelen mostrar es el de regurgitar su comida por aburrimiento o al copiar a otros que lo hacen. Cuando esto ocurre a menudo se dañan los dientes por lo que se les debe extraer o tratar. Los dientes afectados necesitan tratamientos de yodo y mediciones de la temperatura dental varias veces al día. Tratamientos que los centros venden cómo “un óptimo cuidado dental” pero que serían innecesarios si los animales estuvieran en condiciones naturales.

Algunos cetáceos en cautividad muestran comportamientos estereotipados, que son aquellos que se llevan a cabo de manera reiterada y sin finalidad aparente. En delfines y orcas, los más frecuentes son el nadar en círculos de manera repetitiva, o flotar en la superficie sin moverse y de manera letárgica durante largos periodos de tiempo. También, y sobre todo en grandes cetáceos como orcas u orcas negras, es común que froten sus barbillas en los muros de cemento, pudiendo provocarse graves heridas.

Para controlar estos comportamientos así como para establecer jerarquías artificiales (los responsables del centro deciden qué animal será el dominante y cuales les sumisos), es frecuente administrar Diazepam (Valium) y hormonas (como esteroides) a los animales para reducir su agresividad.

En todas las orcas macho en cautividad y en algunas hembras se observa la aleta dorsal caída. Sin embargo, este fenómeno en la naturaleza se observa sólo en entre el 1 y el 5% de los machos de ciertas poblaciones. Esta caída en cautividad probablemente ocurre por la gravedad (en los machos estas aletas pueden hacer 1,80 m de alto), debido a que pasan mucho tiempo en la superficie y no se sumergen a grandes profundidades y tal vez por la deshidratación que sufren estos animales.

Mortalidad

Estudios demuestran que los delfines tienen una esperanza de vida inferior en cautividad que en libertad. En la naturaleza, se estima que la esperanza de vida máxima de los delfines es de unos 50-60 años, mientras que en cautividad rara vez viven más de 20. Estos datos no hacen más que demostrar que el estrés que les provoca la cautividad es, como mínimo, igual de mortal que los peligros de estos animales encuentran en la naturaleza: depredadores, escasez de alimentos, parásitos o amenazas provocadas por el hombre, como la polución – y debemos tener en cuenta que en estos centros reciben cuidados veterinarios que en la naturaleza no tendrían.

Se ha calculado que la mortalidad de las orcas en cautividad es 3 veces mayor que en la naturaleza. Mientras en la naturaleza pueden vivir hasta 70 años los machos y 90 años las hembras, en los delfinarios pocas viven más allá de los 25.

En el caso de las belugas, la esperanza de vida media es de 40-70 años. Estudios realizados analizando sus aros dentales indican que éstas viven en cautividad la mitad de lo que harían en la naturaleza.

Incluso la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), que entre sus 33 asociados cuenta con 18 delfinarios, declara que la mortalidad de los delfines es alta y la población insostenible. En su informe anual de 2003 escribieron “la mortalidad neonatal es un problema mayor que deja a la población total ex-situ de delfines mulares lejos de ser auto-sostenible. A falta de investigaciones patológicas el problema no se ha resuelto”.

Dado que no hay obligación legal de computar las muertes de crías de menos de un año (cuya mortalidad se calcula en el 40-50%) y que no todos países establecen la obligación de registrar las muertes de sus animales, el índice de mortalidad de los cetáceos en cautividad se desconoce, pero es casi definitivamente más alto de en las poblaciones salvajes sanas. A estos datos debería añadirse también los animales que mueren durante las capturas para reflejar el total de muertes provocadas por el cautiverio.

Tan sólo en el Zoo de BCN se han registrado 32 muertes de delfines, aunque la cifra exacta es mucho mayor si se tienen en cuenta las muertes de crías. De los más de 13 delfines nacidos en el Zoo de Barcelona entre los años 80 y 2000, sólo 4 lograron pasar el destete. Algunos de éstos ya han muerto, así como sus progenitores. La cría de beluga nacida en el Oceanográfico de Valencia en 2006 vivió tan sólo 25 días.

La principal causa de muerte de estos animales en cautividad son las infecciones bacterianas como la neumonía y la septicemia. Otros motivos de muerte pueden ser por agresiones de otros animales, torsiones intestinales - provocadas generalmente por el estrés, muertes durante el parto e incluso por comportamientos auto-destructivos (tendencias suicidas) o enfermedades como la tuberculosis o el virus del Nilo Oeste.

Actividades con cetáceos

Espectáculos

Aunque es posible entrenar a los cetáceos sin necesidad de mantenerlos privados de alimento y mediante en condicionamiento operante con refuerzos positivos, todavía se utiliza la privación de comida en delfinarios de todo el mundo ya que es más fácil, rápido y no requiere conocer en profundidad a los animales.

La teoría del refuerzo positivo se basa también en la comida como el refuerzo principal, utilizando a la vez elogios, caricias, juegos y otros refuerzos que asimismo les han estado condicionadas previamente y que premian al animal. Para esta modificación de conducta, se requieren que el animal haga un determinado comportamiento aprendido cuando el entrenador le dé la señal para hacerlo. El animal lo hace por que la consecución de dicho comportamiento conlleva algo positivo para él. Suele acondicionarse el estímulo a través de un puente ("bridge") que es un silbato (o ultrasonidos, clickers o un gesto del entrenador) y que hace de puente entre el comportamiento correcto y el "refuerzo condicionado".

Otro método utilizado implica un refuerzo aleatorio -no siempre se le da el estímulo sino sólo de vez en cuando, aleatoriamente. Este método crea mucha angustia al animal y según algunos expertos podría asimilarse a la adicción a máquinas tragaperras.

El uso de la violencia física contra los animales, aunque no generalizado, también se da en algunos centros. Existe evidencia de entrenadores que saltan agresivamente sobre los animales, les lanzan objetos e incluso les propinan golpes. En otras ocasiones se ha observado a los entrenadores golpear a los animales en los melones –el delicado órgano que utilizan para la ecolocalización.

El hecho de ser obligados reiteradamente a saltar fuera del agua sobre superficies duras también puede afectarles físicamente ya que sus cuerpos no están adaptados a los efectos de la gravedad. Se conoce al menos un caso de una orca que dio a luz a una cría deforme por ser forzada a salir del agua durante el espectáculo -la cría murió poco después.

El horario “laboral” de delfines y orcas en cautividad es a menudo extenuante. En ciertos centros, algunos animales pueden llegar a actuar en hasta 7 espectáculos diarios (de una media de 25-30 minutos de duración). Incluso algunos centros ofrecen espectáculos nocturnos que pueden durar hasta las 11 de la noche.

Interacciones

Además de los espectáculos, otras de las actividades más frecuente con los delfines son las sesiones de fotografías con visitantes, nadar con personas, visitas privadas de escuelas, sesiones de ‘sé entrenador por un día’ etc. A lo que hay que añadir los ejercicios médicos que se realizan con ellos para tratarles los dientes dañados, extracciones de semen, análisis de sangre, endoscopias, y las sesiones de entrenamiento.

Menos conocidas son las inmersiones con delfines, practicar bodyboard empujado por delfines, observar a un delfín pintando un cuadro o poder verles mientras te tiras por un tobogán que atraviesa su piscina (ver noticia)

Aunque en libertad un delfín raramente se acercaría a un humano, cientos de ellos son forzados a bañarse con personas o a interactuar con ellas en visitas VIP, sesiones de fotos…

Más de la mitad de los delfinarios de la UE permiten el contacto directo entre los miembros del público y los animales y al menos 30 centros del Caribe ofrecen actividades de nadar con delfines.

Muchas empresas de cruceros están estrechamente asociadas o incluso son propietarias de los delfinarios a los que invitan a asistir a los turistas.

Para los animales, estos programas presentan un factor estresante adicional a los que ya sufren por la cautividad, pero también existen graves riesgos para las personas. Muchas personas han sufrido mordeduras, moratones, cortes, marcas de rastrillado de los dientes de los delfines o han entrado en estado de shock al ser agredidos por ellos. Otros daños físicos pueden ser más graves y necesitar incluso la hospitalización como desgarros musculares, órganos dañados, heridas internas, heridas abiertas y huesos rotos.

Extremadamente ágiles, precisos en sus percepciones, exactos y sincronizados en sus movimientos bajo el agua, los delfines serían perfectamente capaces de esquivar a las personas. Por tanto, cualquier golpe o roce hacia los nadadores debe ser intencionado o una reacción defensiva ante lo que pueden percibir como una amenaza.

Los delfines son mamíferos marinos salvajes con sus propias pautas de comportamientos y normas sociales, juegan y cortejan de forma distinta a los humanos y en muchos casos estas actividades, aunque normales para los delfines, son acciones potencialmente peligrosas para los humanos. Son animales fuertes (con su gran tamaño y peso su fuerza es hasta 7 veces superior a la de un atleta humano), temperamentales y –al ser salvajes- impredecibles. Normalmente se utilizan para estas actividades a hembras jóvenes ya que su comportamiento es más manejable y los machos son más propensos a mostrar a comportamientos agresivos y sexuales bajo ciertas condiciones y en ciertas épocas del año.

Existe también un riesgo potencial de transmisión de enfermedades (agentes zoonóticos) entre los humanos y los delfines. Se cree que se pueden contagiar infecciones bacterianas o virales, como las respiratorias, de hombres a delfines y viceversa. Muchas enfermedades pueden penetrar por los cortes, irritaciones, y, sobretodo, mordeduras.

Los participantes de estos programas no son informados de los riegos que éstos pueden sufrir al interactuar con los animales. De hecho, en muchos casos, deben firmar un documento que exime de responsabilidades al centro y a las administraciones de cualquier denuncia sobre lo que pueda ocurrir durante el encuentro.

Los animales también pueden verse afectados por tragar objetos que caen en sus piscinas (llaves, gafas de sol, etc.), por el estrés de no poder retirarse del contacto humano o por molestias -deliberadas o involuntarias- de los participantes (tirando de sus aletas, persiguiéndolos, tocándoles los ojos, los orificios de respiración, golpeándoles, etc.) y que pueden entender como una agresión reaccionando defensivamente. Cuando los nadadores se ponen nerviosos pueden resultar heridos ya que los delfines perciben el nerviosismo y pueden agitarse y reaccionar agresivamente.

Algunos estudios, muestran que el nivel de silbidos emitidos por los delfines aumentan antes y durante las sesiones de nadar-con-delfines, indicando así un nivel de estrés en anticipación de las sesiones y durante el transcurso de las mismas.

Existen también en algunos centros piscinas para tocar a los delfines llamadas “Petting pools”. En éstas se suelen ubicar a los animales que ya son demasiado agresivos para bañarse con personas o que no responden en los espectáculos. En ocasiones caen o se lanzan objetos a estas piscinas que, si se los tragan, pueden causar graves problemas- e incluso a muerte, a los animales. Los animales son exhibidos permanentemente durante las horas de apertura del parque al público (que pueden ser 12 horas al día), y cada día. El entorno es especialmente estresante para los animales rodeados de personas reclamando su atención, en un entorno ruidoso, etc. Hasta hace poco los visitantes podían comprar comida y dársela a los animales creándoles problemas alimentarios como obesidad, desnutrición o la ingesta de alimentos inapropiados. En parte se ha puesto fin a esta práctica debido a los numerosos casos de mordeduras de delfines a miembros del público (en muchos casos niños) al reclamar comida.

Delfinoterapia o Terapia Asistida con Delfines

Los centros que se lucran de estas interacciones exageran los beneficios de interactuar con delfines. Personas en busca de ayuda son injustamente inducidas a la delfinoterapia como una especie de “cura milagrosa” que a menudo lleva a una profunda decepción y a un gasto considerable de dinero. También se ofrecen interacciones supuestamente terapéuticas para embarazadas.

Reconocidos científicos, biólogos, entrenadores de delfines, médicos, fisioterapeutas y psicoterapeutas han manifestado su preocupación por los riesgos que conlleva este método tan poco convencional.

Según los responsables de estos centros, estas terapias consiguen un estado de concentración más largo, una relajación total para hacer fisioterapia, eleva las endorfinas y mejora el sueño. Sin embargo, no existen estudios científicos válidos que demuestren que la terapia con delfines tenga un mayor efecto terapéutico en los humanos que los animales domésticos (como perros, gatos y caballos) o de granja –animales acostumbrados a la presencia humana. Los animales domésticos también han sido utilizados como parte de programas de terapia supervisados con iguales, o mejores, resultados para ofrecer refuerzos positivos y aumentar la autoestima de niños con discapacidades.

Los movimientos y reacciones de una persona discapacitada son impredecibles. Si un animal recibe un golpe voluntaria o involuntariamente, su respuesta puede ser una agresión inmediata o una evasión brusca y peligrosa. Así pues también existe un riesgo para las personas que participan de estas actividades- como de otras interacciones con delfines.

Un informe de ACCOBAMS (Acuerdo de Mónaco para la Conservación de Cetáceos en el mar Negro, mar Mediterráneo y área Atlántica adyacente), demostró que no existe evidencia científica de que la terapia asistida con delfines fuera más eficaz que otras terapias asistidas por animales. Y planteaba si dados los posibles comportamientos agresivos de los animales era apropiado el uso de estos animales frente a otros de especies domesticadas. Asimismo exponía su preocupación por el alto nivel de cloro en el agua –usado para controlar infecciones y parasitismos- y sus posibles efectos irritantes en las personas.

En un estudio de la Universidad de Emory, los investigadores evaluaron 5 de los estudios favorables a la terapia asistida con delfines y encontraron numerosos fallos científicos y metodológicos que ponían en duda su validez.

Betsy Smith, una de las pioneras de la delfinoterapia, con los años llegó a la conclusión de que el bienestar tanto físico como psicológico de los delfines resultaba gravemente afectado en cautividad y que los centros que ofrecen esta actividad estaban orientados totalmente hacia el negocio a costa de su explotación. Concluyó que un niño "pasándolo bien" no era equivalente a una terapia.

Ataques

El conflicto constante entre los instintos de los animales y las condiciones de vida impuestas por el cautiverio, les pueden tornar agresivos resultando en ataques entre ellos o a las personas.

Los grupos de animales en los delfinarios son completamente artificiales: se juntan animales nacidos en libertad con otros nacidos en cautividad, los capturados son a menudo de distintos orígenes/poblaciones – las orcas de distintos lugares incluso se comunican a través de dialectos diferentes, los centros mueven a los animales a menudo de un parque a otro; hay animales permanentes y otros temporales y también se separa a madres de sus crías.

Estos animales no necesariamente se llevan bien ni se entienden y, al ser imposible establecer una jerarquía, se dan numerosos conflictos de dominancia. Asimismo, ante tensiones o agresiones con otros animales, no tienen dónde esconderse o escaparse para evitarlos.

Es frecuente ver heridas profundas de rascados con dientes en los cuerpos de los animales (“teeth raking”) y a menudo se pueden observar comportamientos de acoso entre ellos, que pueden atacarse incluso provocándose la muerte.

Uno de los casos más aparatosos sucedió con la orca Kandu que, protegiendo a su cría, atacó a otra hembra (Corky) durante el espectáculo. Kandu se fracturó la mandíbula rompiéndose una arteria. Tardó 45 minutos en morir desangrada (salían chorros de sangre de 3 metros de altura de su espiráculo) mientras la cría nadaba a su alrededor. Corky sufrió un corte de 1 metro de largo debido al impacto del golpe.

Para tratar de evitar estos comportamientos agresivos y controlar los comportamientos de dominancia, se suele suministrar hormonas a algunos animales.

Imagen: Estado físico de la orca Morgan (Loro Parque). Fuente: Report on the Physical & Behavioural Status of Morgan,the Wild-Born Orca held in Captivity at Loro Parque, Tenerife, Spain. Dr Ingrid N. Visser © (2012), for the Free Morgan Foundation

La orca Morgan, por ejemplo, está siendo acosada por las otras orcas de Loro Parque. La atacan continuamente (durante un estudio se observaron al menos un incidente cada hora) y desde que llegó a Loro Parque muestra más de 300 marcas de mordeduras y heridas infringidas por los otros animales.

Los animales que muestran más heridas en la piel suelen mantenerse lo más alejados de las gradas durante los espectáculos para tratar de evitar que el público las pueda observar.

En la naturaleza se han dado muy pocos casos de ataques de cetáceos a personas. Los casos con orcas no han causado ninguna muerte dado que éstas han soltado a las personas al darse cuenta de que no eran sus presas. En cuanto a los delfines, el único caso conocido de un ataque que resultó con la muerte de la persona se produjo después de que ésta lo acosara tratando de introducir un objeto en su espiráculo. , tratando de darles de comer o de agarrarse a sus aletas o de subirse sobre su espalda. Otras agresiones conocidas también se han debido a que las personas molestaban a los delfines tratando de agarrarse a sus aletas.

Sin embargo, sí se han dado numerosos casos de ataques de cetáceos cautivos a personas. En los EEUU un estudio calculó que más de la mitad de trabajadores que están en contacto con mamíferos marinos habían sido heridos por los mismos. Se han registrado más de 70 casos de ataques de orcas a sus entrenadores y 4 de ellos han muerto; las muertes más recientes han sido en 2010 en Orlando, EUA y en 2009 en Loro Parque, Tenerife. Asimismo, existen también numerosos casos de delfines atacando a cuidadores, entrenadores incluso a los buzos de mantenimiento de los tanques.

Las interacciones en estos centros son forzadas y los animales no tienen opción. Se trata de animales salvajes, potencialmente muy peligrosos e impredecibles además de frustrados y sometidos a un considerable estrés. Para moderar estos comportamientos agresivos, se les pueden suministrar medicamentos antidepresivos u hormonas y esteroides.

¿Conservación, Investigación y Educación?

La Ley 31/2003 de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos y que rige los delfinarios en España, establece que los zoos deben desempeñar un papel en la educación pública, la investigación científica y la conservación de las especies. Los siguientes datos ponen en duda estas finalidades en la manutención de cetáceos en cautividad.

Conservación

La mayoría de los centros que mantienen cetáceos en cautividad afirman jugar un papel en la conservación de estas especies. Sin embargo, los delfinarios que disponen de -o hacen donativos a- programas de conservación son una minoría (entre el 5-10%), y en estos casos, las cantidades económicas invertidas en ellos representan tan sólo una ínfima parte de sus ingresos anuales. Apenas se ha realizado ninguna investigación viable en los delfines cautivos que pueda contribuir a las iniciativas de conservación.

Las mismas capturas de animales de la naturaleza que se realizan para suministrar a esta industria, afectan a las poblaciones salvajes y ponen en peligro la conservación de las especies. Las capturas afectan toda la población y no sólo a los individuos capturados. El grupo puede perder la cohesión social y dispersarse- implicando riesgos a la supervivencia ya que no pueden cooperar para pescar o defenderse de depredadores. Aunque EEUU y la legislación CITES establezca condiciones para evaluar la viabilidad de las capturas (estudios de poblaciones, pruebas genéticas, etc.) éstos requisitos no son suficientes, no se cumplen o no son de obligado cumplimiento.

Es ilustrativo el hecho de que la industria del cautiverio en los EEUU presiona a su gobierno para que no promuevan la protección de pequeños cetáceos en las reuniones de la Comisión Internacional Ballenera en base a que dicha protección podría “interferir en su habilidad para hacer negocio”.

En 2006, España permitió la primera importación de orcas a la UE en 10 años. Aunque importados con un permiso de cría en cautividad para su conservación, estos animales participan cada día en espectáculos circenses al son de la música.

Aunque estos centros alegan que su aportación a la conservación son sus programas de cría en cautividad, casi ninguno de ellos participa de programas para las especies de cetáceos más amenazadas como son el delfín de río Yangtze (Lipotes vexillifer, actualmente extinguido) o la vaquita (Phocoena sinus). De todas maneras no existe suficiente diversidad genética en los delfinarios para llevar a cabo proyectos viables de cría en cautividad.

La endogamia es también muy frecuente en estos centros. Además de inseminar artificialmente a hembras demasiado jóvenes para criar, es frecuente cruzar animales con parentescos familiares con los problemas de salud que pueden conllevar además de reducir la variedad genética necesaria para proyectos de conservación. Asimismo, los híbridos de animales provenientes de distintas poblaciones imposibilitan su posible reintroducción en la naturaleza.

Aunque se han llevado a cabo 11 reintroducciones por parte de delfinarios (9 en Australia y 2 en el Mar Negro), la industria suele oponerse fervientemente a cualquier intento de reintroducir animales. La mayoría de las pocas reintroducciones que se han llevado a cabo han sido financiadas por ONGs o instituciones científicas. En todo caso, cuando se planea reintroducir un animal en su hábitat, éste debería mantenerse lo más alejado posible del contacto humano, en un ambiente lo más natural posible y por supuesto no sería entrenado para realizar espectáculos

Investigación

Actualmente, los avances de la tecnología (dardos de biopsia, tags electrónicos, videos subacuáticos, etc.) permiten estudiar a las poblaciones salvajes in situ con métodos no invasivos.

Además, algunos comportamientos en cautividad son diferentes a los naturales, con lo que estudios de comportamiento hechos con cetáceos cautivos son difíciles de aplicar a animales salvajes. También es importante considerar si los estudios que se realizan tienen son viables para beneficiar a las poblaciones salvajes. El estudio que justificó la importación de las ballenas beluga al Oceanográfico de Valencia, por ejemplo, pretendía estudiar la comunicación de estos animales en cautividad, información irrelevante para la conservación de esta especie.

Los delfinarios producen muy pocos estudios publicados. A modo ilustrativo, en la conferencia de la Sociedad de Mamíferos Marinos de 2003, se presentaron 469 estudios de biología de cetáceos. Solo el 4% de éstos eran realizados con delfines en cautividad y un tercio de éstos venían de instalaciones científicas no abiertas al público.

Educación

La educación nos debería llevar a conocer y entender a los otros animales con quienes compartimos el Planeta, a protegerlos y a respetarlos. Sin embargo, los espectáculos al son de la música en que se utilizan a los animales como payasos, bailarines o animadores forzándolos a realizar comportamientos antropomórficos o cómicos, antinaturales e impropios de su naturaleza transmiten que el hombre domina sobre la naturaleza, y no que es parte de ella, y muestran a los animales como objetos no como seres con un valor intrínseco, individualidad y dignidad.

En vez de transmitir información acerca de las especies, estos espectáculos exhiben animales para entretenimiento y desensibilizan a los humanos de la crueldad inherente de arrebatar a estos animales de sus entornos naturales y mantenerlos en cautividad.

En 2012 Sosdelfines analizó los contenidos de los espectáculos de delfines que se llevan a cabo en los 11 delfinarios del Estado para evaluar sus contenidos educativos. Se consideraron “contenidos educativos”: (1) Información acerca de los animales (especie, biología y comportamiento natural), (2) Información sobre sus hábitats naturales e (3) Información sobre la conservación de la especie y la biodiversidad. Ninguno de los espectáculos mencionó información básica como que los delfines viven en grupos, cómo se alimentan o que dan a luz a sus crías.

La media de tiempo del espectáculo dedicado a dar información que puede considerarse educativa fue de poco más de 1 minuto y medio. Considerando que los espectáculos duran entre 15 y 30 minutos, el porcentaje medio de los espectáculos dedicados a la educación es de un 4%, el 96% restante consiste en realizar piruetas y acrobacias antinaturales al son de la música. Estos resultados dejan en evidencia el casi nulo valor educativo de estos espectáculos. Ver resultados del análisis de 2015 aquí.

¿Qué dicen los expertos?

Es significativo que muchos de los principales críticos de la manutención de cetáceos en cautividad y de los espectáculos que los utilizan, sean personas que en un pasado han trabajado para la industria del cautiverio.

Richard O’Barry, el ex-entrenador de los diversos delfines que representaban al delfín Flipper en la conocida serie televisiva, dedica ahora su vida a luchar contra los delfinarios a través de la entidad The Dophin Project.

Albert López, ex jefe de entrenadores de mamíferos marinos del Zoo de Barcelona, ex responsable del Delfinario Oltremare y ex consultor del Acquario di Genova, ambos en Italia, admite que los delfines en los parques acuáticos están “francamente mal” y que “si actúan durante los espectáculos es por hambre”. Asimismo, López desmiente la supuesta función educativa y de conservación que alegan las empresas propietarias de estos centros como finalidad de sus establecimientos y espectáculos. En la actualidad, Albert López coordina el Proyecto NINAM, una plataforma de estudio de cetáceos que desarrolla censos en la zona de Cap de Creus y trabaja en la sensibilización y educación ambiental a través de los avistamientos. Su propio nombre (NINAM) es un tributo a cinco de los delfines de Zoo de Barcelona (tres de ellos - incluyendo la tan publicitada Nereida - ya muertos) y quienes no podrán retornar jamás al mar. (Entrevista de SOSdelfines a Albert López) .

Asimismo, Samantha Berg, ex adiestradora de orcas en Sea World, expuso, junto a otros ex trabajadores del centro, algunos de los problemas del cautiverio en el premiado documental Blackfish. (Entrevista de SOSdelfines a Samantha Berg).

También en ese documental se puede ver a John Hargrove, que fue entrenador de orcas en SeaWorld durante 12 años y supervisor de entrenadores de orcas en Francia durante 2 años y que ahora se dedica a la protección de los cetáceos. (Entrevista de SOSdelfines a John Hargrove).

Legislación

Legislación Internacional

Chipre, Eslovenia, Croacia, Costa Rica, Chile e India han prohibido el cautiverio de cetáceos. La mayoría de estos países también prohíben su importación y exportación.

Algunos estados de Australia y de EEUU (ex. South Carolina) también han prohibido los delfinarios.

Suiza ha prohibido la importación de cetáceos y la creación nuevos delfinarios. A finales de 2013 se trasladaron los últimos 2 delfines que tenían, en Conny Land, así que ya no hay ni volverá a haber cetáceos en cautividad.

Algunos países establecen unos estándares tan estrictos en cuanto a las condiciones que deben cumplir los delfinarios, que resultan demasiado difíciles de conseguir. Debido a estas leyes, no existen tampoco delfinarios en Brasil, Reino Unido, Noruega o Polonia.

Otros países no disponen de legislación al respecto pero han denegado permisos de construcción de delfinarios como Islandia o Austria.

Lamentablemente, otros países disponen de requisitos que son demasiado permisivos (Finlandia o Bélgica) o que no se cumplen (EEUU, Italia).

Legislación Europea y Española

El Reglamento 338/97 relativo a la protección de especies de la fauna y flora silvestres mediante el control de su comercio (CITES) prohíbe importación de cetáceos capturados en su estado salvaje (Anexo A) a la UE con finalidades principalmente comerciales- aunque existen ciertas excepciones permitidas como aquellas para finalidades científicas o de conservación. Aunque consideramos que los usos que se hace de los delfines en todos los delfinarios para espectáculos, fotos u otras interacciones con visitantes tienen un fin puramente comercial, las autoridades siguen otorgando permisos a estos centros.

Desde 1979 a 2008, se registraron 285 importaciones de cetáceos a la UE.

Existe también la Directiva 1999/22/CE relativa al mantenimiento de animales salvajes en parques zoológicos bajo la que en todos los países de la UE (excepto Bulgaria donde están regulados bajo la ley de circos y actuaciones teatrales) los delfinarios deben considerarse parques zoológicos. Esta legislación, traspuesta en España por la Ley 31/2003 de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos, establece que los zoos deben:

- Asegurar el desempeño de su importante papel en la educación pública, la investigación científica y la conservación de las especies.

- Tener como función el fomento de la educación y de la toma de conciencia por el público en lo que respecta a la conservación de la biodiversidad.

Y obliga a los zoos a:

- Alojar a los animales en condiciones que permitan la satisfacción de sus necesidades biológicas y de conservación.

- Proporcionar a cada una de las especies un enriquecimiento ambiental de sus instalaciones y recintos, al objeto de diversificar las pautas de comportamiento que utilizan los animales para interaccionar con su entorno, mejorar su bienestar y, con ello, su capacidad de supervivencia y reproducción

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente estableció en su Guía para la aplicación de la ley de zoos que, entre otras pautas, los parques zoológicos “no deberían consentir la utilización de sus animales en espectáculos ni otras actividades que se encuentren claramente alejadas de las tareas educativas especificadas en la Ley 31/2003 (p.ej., fotografías del público con los animales, exhibiciones de carácter circense, etc.)”. Lamentablemente esta Guía no es de obligado cumplimiento y por tanto estas actividades siguen teniendo lugar en zoológicos de todo el país. En este aspecto, SOSdelfines lleva a cabo una petición al Ministerio, para que demuestre ejemplaridad y ponga fin a los espectáculos.

Muchas otras directrices como la Directiva 92/43/EEC relativa a la conservación de los hábitats Naturales y de la Fauna y Flora Silvestres, el Convenio de Berna sobre la Conservación de la Vida Silvestre Europea y sus Hábitats o el Acuerdo sobre la Conservación de Cetáceos del Mar Negro, el Mar Mediterráneo y la Zona Atlántica Contigua de la Convención sobre las Especies Migratorias (ACCOBAMS) protegen a los cetáceos pero principalmente a aquellos que se encuentran el libertad y limitándose a ejemplares de especies amenazadas. En España también existe la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y el Real Decreto 1727/2007 por el que se establecen medidas de protección de cetáceos pero igualmente sólo aplica a aquellos que se encuentren en aguas españolas y en libertad.

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