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Cuestionando la delfinoterapia

17 de julio 2015

¿Qué es?

La terapia asistida con delfines o delfinoterapia es un programa que se promueve como tratamiento para curar o mejorar algunas enfermedades que afectan al plano social, cognitivo o emocional de las personas. Se basan en la teoría de que los ultrasonidos pueden tener un efecto positivo en el sistema endocrino, y en que los delfines son capaces de distinguir a las personas “especiales” y estimulan su capacidad de lenguaje, atención y motivación.

Suelen orientarse a casos de autismo, síndrome de Down o parálisis cerebral; pero algunos estudios aseguran que dos semanas de tratamiento pueden aliviar depresiones también. Algunos centros sin escrúpulos publicitan que esta terapia puede ayudar a curar incluso el alcoholismo o el cáncer.

                             

La terapia consiste en varias sesiones de interacción y nado con delfines durante unos 30 minutos, mientras se anima al paciente a realizar distintos ejercicios, acariciar y jugar con el delfín. El tiempo y cantidad de sesiones no está establecida todavía y es muy variable entre unos centros y otros.

El precio es muy variable pero suele ser altísimo (10.000 euros por tratamiento completo). En los casos en que se ofrecen de forma gratuita a las familias necesitadas, los centros reciben donativos por otro lado para poder beneficiarse igualmente y les sirve también para tener una “excusa” para mantener delfines en cautividad y usarlos en espectáculos, que es de donde reamente obtienen los beneficios.

Historia

A pesar de que estos programas se empezaron a llevar a cabo en los años 70, los “beneficios terapéuticos” de los delfines se remontan incluso a la época greco-romana, en que se les atribuían propiedades divinas. Poseidón envió a un delfín para que rescatara a su hijo Taras de un naufragio. También en la mitología celta se les otorgaban poderes curativos.

Es cierto que los delfines son seres con altísimas capacidades cognitivas y su capacidad de generalizar sus comportamientos naturales hacia otras especies les han llevado a rescatar y servir de ayuda a muchas personas, pero en ningún caso se debe, evidentemente, a súper poderes.

En los años 60 John C Lilly publicó varios artículos en los que explicaba sus estudios científicos sobre comunicación y cooperación entre delfines y personas, mezclando LSD y creencias espirituales. A raíz de estos experimentos trabajó con la antropóloga Betsy Smith, quien vio cómo su propio hermano con discapacidad mental era tratado de forma especialmente gentil por los delfines al meterse en la piscina con ellos. Y así iniciaron los estudios que fueron definiendo los programas de terapia asistida.

Con el tiempo, la propia Betsy Smith acabó dándose cuenta de que esos programas no eran útiles y de que además el hecho de depender de estos cetáceos en cautividad, no iba acorde con una ética empática con los animales.

Eficacia

La eficacia de esta terapia no está científicamente probada. Existen estudios que demuestran mejorías de los pacientes tras el tratamiento, sin embargo, todos presentan errores en su realización. Además, en cualquier caso, los efectos son de corta duración y tan sólo como terapia complementaria a otros tratamientos médicos.

Por ejemplo, en la mayoría de estudios no se incluía grupos de pacientes para controlar el efecto novedad. Se conoce que el hecho de salir de casa a realizar una actividad nueva puede tener un efecto sobre las personas, modificando así su conducta. También las esperanzas de las familias y de los pacientes influyen.       

Tampoco se utilizan en general científicos o evaluadores “ciegos”, que no conozcan el tipo de tratamiento al que se ha sometido la persona. Muchas veces, la expectativa de los propios investigadores influye en su forma de evaluar y pueden emitir conclusiones sesgadas, subjetivas. Además, en todos los casos, tanto pacientes como sus familias sabían de antemano y durante el proceso el tipo de terapia que se estaba realizando, con el consecuente efecto placebo.

Algunos estudios presentan métodos de análisis poco entendibles o poco descriptivos, que restan credibilidad y validez.

Dentro de la investigación realizada para comprobar de qué manera los delfines ayudan a las personas en estas terapias, en ningún caso se ha demostrado que los ultrasonidos tengan un efecto curativo. No existe documentación creíble que confirme que los delfines ecolocalicen a las personas o de que dispongan de un mecanismo que modifique el sistema endocrino humano.

Riesgos para las personas

Los delfines pueden ser portadores de enfermedades transmisibles a los seres humanos. Si se le añade el factor de que en ocasiones justamente los pacientes que acuden a estas terapias puedan estar inmunodeprimidos, el riesgo y gravedad pueden ser aún mayores.

Las bacterias oportunistas que pueden tener los delfines podrían acceder a las personas por vía respiratoria o por contacto con pequeñas heridas en el cuerpo. Por muy controlado que esté el ambiente (a pesar de que en realidad no hay todavía ninguna regulación respecto a este tipo de tratamientos y las condiciones de las instalaciones), es inevitable que el delfín respire, orine o defeque junto a la personas que está realizando la terapia. Una de las bacterias que se conoce presente en poblaciones de delfines cautivos es la Brucella sp.

El agua puede suponer también un foco de infección y, por esa razón, se aumenta la cantidad de cloro, que puede resultar en irritación de los ojos y de la piel.

Los delfines pueden ser impredecibles, son animales salvajes a pesar de que se utilicen individuos sometidos a muchos años de cautividad y de entrenamiento previo.

Incluso los mismos entrenadores sufren mordidas o lesiones mientras están en contacto con los animales. Un delfín puede lesionar de forma involuntaria al “paciente” en cuestión debido a la diferencia de tamaños (un delfín puede pesar 150-200kg) y también con la boca pues tienen dientes. También pueden hacerlo voluntariamente actuando de forma agresiva fruto del estrés, de la ansiedad o del dolor.

Las consecuencias de estas agresiones pueden ser heridas leves o incluso fractura de huesos. En el caso de las mujeres embarazadas el final puede ser más trágico.

Existen numerosos casos documentados de personas que se han lesionado durante encuentros con delfines. Entre ellos:  dos personas mordidas por delfines en Bermudas en Noviembre de 1999, una mujer con varios huesos y costillas fracturadas por un delfín en Taiji en Junio de 2003 y otra mujer con costillas rotas por un delfín en Cuba en 2003.

(Foto: Noticia 4/12/2012)

 

Impacto sobre los delfines

Los delfines que se utilizan para la terapia no han aparecido de repente. El origen y la historia de cada uno de ellos pueden ser muy variados. En cualquier caso, todos los delfines que se utilizan son consecuencia de la cautividad. Pueden haber sido ellos mismos directamente capturados de su estado salvaje (los métodos de captura son agresivos y desestabilizan familias enteras de delfines) para utilizarse expresamente en estas terapias o en espectáculos y todo tipo de actividades lucrativas.

                                  (Foto: captura de delfines en Taiji, Japón)      

O bien, pueden ser descendencia de ellos, llamados “nacidos en cautividad”. La reproducción de delfines en cautividad acarrea transporte de animales o extracción de semen e inseminación artificial forzada, gestaciones precoces (en edades inferiores a las que se quedarían gestantes en la naturaleza), lactancias reducidas y separaciones madre-cría prematuras entre otros.                                                                 

Los individuos usados en la delfinoterapia han sido entrenados previamente. Los métodos de entrenamiento varían mucho según las personas y dónde se realicen, pero los que no se basan en la violencia se basan en el chantaje. Y a los delfines no les basta con una caricia, actúan para comer. Si no obedecen, no comen. De esa manera se consigue hacerles trabajar el tiempo requerido (a veces quizás los delfines preferirían descansar) y realizando los ejercicios que les pidan. Los delfines son altamente inteligentes y tienen una gran capacidad de aprendizaje. Las personas aprovechan estas cualidades de los cetáceos para sus propios intereses.

El estrés debido a la cautividad y a las sesiones de entrenamiento y de terapia, les hace susceptibles a problemas de salud. También provoca conflictos sociales y de jerarquía entre los grupos de delfines que viven juntos, teniendo como consecuencia delfines heridos y lesionados por otros delfines.

   (Foto: Laura Justicia)

Así como existe riesgo de zoonosis, los programas de nado con delfines, como la delfinoterapia, suponen un riesgo de infección para los propios animales, susceptibles a contraer alguna patología (del tracto respiratorio generalmente) transmitida por las personas con las que comparten las aguas o tienen un estrecho contacto.

Regulación

No existe normativa ni estándares oficiales relacionados con la terapia asistida con delfines. La industria prolifera por todo el mundo de forma libre sin regulación formal.

La opinión de los expertos

“En el centro de todos estos programas de delfinoterapia se encuentra la explotación comercial de niños y delfines vulnerables” Betsy Smith, antigua pionera de la delfinoterapia.

“Sería irresponsable y profesionalmente anti-ético para la comunidad médica promover o apoyar la delfinoterapia como una prescripción apropiada” Jonathan Balcombe, PhD. Comité de Médicos por una Medicina Responsable.

 “Miles de familias visitan las instalaciones donde se realiza la delfinoterapia y se van sin haber conseguido más de lo que habrían obtenido interaccionando con un cachorro de perro” Lori Marino, PhD Neurociencia y Biología del Comportamiento en la Universidad de Emory, EEUU.

“Hasta la fecha, no existen estudios que prueben o muestren indicadores de que la delfinoterapia es más efectiva que cualquier otra terapia asistida con animales” Karsten Brensing, PhD Bilemania. 

Alternativas

- Estimulación con realidad virtual.                                                         

- Hidroterapia y talasoterapia.

- Uso de hologramas y sonidos grabados de delfines.                              

- Terapia asistida con animales de compañía.

Conclusión

La terapia asistida con delfines no es efectiva a largo plazo ni por sí sola. Existen otras maneras de estimular a las personas, sin necesidad de explotar a un delfín. Los riesgos a los que se someten persona y animal son infinitamente mayores en un balance con respecto a los beneficios que se pueden sacar de estas sesiones.  No creemos, por lo tanto que esta terapia esté justificada y queremos disuadir a cualquier personas de realizarlo. 

Enlaces

Dolphins are not healers, Lori Marino. 

Can you put your faith in DAT?, ENDCAP.

Dolphin-assisted therapy: More Flawed Data and More Flawed Conclusions, Marino y Lilienfeld

Expert statement on "Swim with the Dolphin Programs and Dolphin-Assisted Therapy", Karsten Brensing, ACCOBAMS

 

Tags: Delfines
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